Punto de libro


PUNTO DE LIBRO



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Signatura 400

Sophie Divry

Blackie Books

Signatura 400Signatura 400 es una novela en la que no encontraremos ni un solo punto y aparte. Ni hablar, por lo tanto, de secciones o capítulos. La novela es un único párrafo que se extiende por casi cien páginas, impidiendo el más mínimo respiro, la más leve pausa. Y la verdad es que el lector no necesita en ningún momento apartar la vista del libro. O, más bien, no puede. Apenas comenzada la lectura, el libro queda adherido al lector -o quizá sea este el que queda pegado a aquel- y resulta imposible apartar la vista de las páginas. La protagonista, una bibliotecaria que ni siquiera recibe un nombre, se lanza desde la primera línea a un incontenible diálogo en el que el interlocutor, un usuario de la biblioteca, no tiene la más mínima oportunidad de responder. La autora construye así un falso monólogo, o un falso diálogo, tan intenso como apasionante, en el que conocemos la vida de la protagonista.

Y su vida han sido, básicamente, los libros. Funcionaria, profesora de vocación pero bibliotecaria por obligación, ha pasado toda su vida clasificando, cuidando, recomendando libros. Y leyéndolos, porque fuera de la vida profesional apenas a tenido otro compañero que no sea un libro. Todo esto lo vamos conociendo poco a poco durante las aproximadamente dos horas que pasa la bibliotecaria con un lector que accidentalmente queda encerrado en la biblioteca. Cuando ella acude al trabajo por la mañana lo encuentra durmiendo en su sección, la de geografía, y con él pasa el tiempo hasta la hora de apertura al público. En una especie de confesión, ella irá desgranando los elementos clave de su vida, las esperanzas y sueños que tuvo de joven, y los desengaños y frustraciones que los años le fueron deparando. Su refugio, su asidero y su puerto siempre fueron los libros, la cultura. Pero cuanto más habla de sí misma y de los demás, mejor entendemos que los libros solo fueron un sucedáneo, un placebo que no ha funcionado. Porque esta pobre bibliotecaria de provincias tiene un único deseo, una única meta que no ha conseguido alcanzar, y que ahora comienza a entender que nunca alcanzará.

La bibliotecaria, que se irá ganando la complicidad y el afecto del lector página tras página, habla de su vida personal y laboral, pero también habla de lo que mejor conoce: los libros. La novela está salpicada de jugosos fragmentos en los que se trata la historia de las bibliotecas, se hace un somero pero interesante recorrido por la historia de la literatura francesa, y hasta se ofrecen datos curiosos sobre biblioteconomía. Hay, incluso, un pequeño homenaje a Melvil Dewey, el padre de la clasificación decimal en las bibliotecas. Es esta novela, por lo tanto, una lectura interesante para todo amante de los libros o curioso de las bibliotecas. Pero lo que hace de esta novela una obra redonda es que compagina todo esto con un drama personal, intimo y entrañable, el de una mujer que se sabe vacía, pese a que se haya querido engañar siempre. Su dedicación a la biblioteca, los libros y la historia, ha sido el velo que siempre ha llevado puesto para no ver su soledad, la ausencia de lo único que de verdad le importa: el amor. Pero ahora ese velo se está volviendo cada vez más endeble, y el engaño ya no se sostiene.

La bibliotecaria hace un discurso en el que intenta más engañarse a sí misma que a su interlocutor, un interlocutor que, por otra parte, no tiene la oportunidad de intervenir. ¿Estamos ante una nueva Carmen Sotillo? Aunque son muchas más las diferencias que las similitudes, es inevitable que el lector de Signatura 400 recuerde a la protagonista de Cinco horas con Mario. En todo caso la bibliotecaria de esta obra sería una Carmen algo menos hipócrita, y bastante más culta. Pero las dos se esfuerzan por moldear la realidad a su gusto para que la existencia les parezca algo menos terrible. Con todo, el drama personal de esta bibliotecaria deja espacio para el homenaje al libro y las bibliotecas. Incluso, de vez en cuando, da al lector un pequeño respiro con inesperadas y eficaces pinceladas de humor. Un libro, en definitiva, de los que se hacen querer, y que demuestran el amor por los libros de su autora.

Reseña publicada en el nº 20


Punto de libro nº 19